GERRY BERMúDEZ

Los médicos dijeron que no regresaría jamás…
Por Ana Pau Bermúdez
@anapaubedz
“La persona que algún día conocieron, ya no está… No volverá a caminar, no volverá a hablar, no podrá comer y respirar por sí solo, ya no podrá pensar… no vivirá”
Fueron las últimas palabras que escuché antes de quebrarme por completo. Mi hermano gemelo estaba postrado en una cama, conectado de absolutamente todo y al parecer, su cuerpo “ya no estaba luchando por sobrevivir” había sido declarado en estado vegetativo.
Mi hermano, era un hombre joven, alegre, noble, siempre ayudando a los demás, era injusto ver como moría por culpa de un imprudente al volante, me sentía impotente. Los doctores se habían acercado a mi familia y a mi para hablar sobre la donación de órganos y decidir el tiempo dentro del cuál se desconectaría. Una decisión que nadie debería tomar… jamás.
El diagnóstico era desfavorable, no había reacción neuronal alguna y aunque había “algo de irrigación en su cerebro”, no había más que hacer, era como si su alma se hubiera perdido y no pudiese regresar a su cuerpo.
¿Cuántas veces en nuestra vida nos hemos puesto a pensar que frases como “Todo tiene solución menos la muerte” o “Todo es posible” son en realidad palabras muy poderosas que sobrevaloramos? Yo, como todos, tengo días buenos y días malos, pero como pocos, tuve la mala experiencia de ver la cara de la muerte… en ese momento, me di cuenta que todos los problemas que alguna vez llegué a pensar jamás tendrían solución, eran pequeños, y que precisamente, todo tenía solución menos la muerte.
En la vida, muchas personas te van a decir que no puedes, que no es lo tuyo o que no podrás vivir de tu pasión; podrán darte datos duros, científicos y podrán comprobarte con hechos que a alguien más no le funcionó lo que tú quieres… pero es TÚ historia, y sólo tú deberás decidir si funcionará o no, nadie más. El que no arriesga, jamás, jamás, jamás va a ganar.
Nosotros arriesgamos darle meses de vida a mi gemelo con la esperanza de que “encontrara su camino a casa”, quiero creer que es un consentido de Dios que, a pesar de todo diagnóstico despertó, no es vegetal, camina, come y habla por sí mismo. Después de 22 días en coma, múltiples cirugías, y aún en rehabilitación… regresó.
Comparto mi experiencia porque me ha enseñado a no sólo creer en mi, si no en darme cuenta que por más difícil que sea mi situación, siempre habrá una solución, que quizá no me guste, quizá sí, pero se solucionará. Aprendí que las malas rachas son temporales y siempre van acompañadas de una gran enseñanza de vida, por lo tanto, crecimiento.
Aprendí a valorar aquellas cosas que doy por sentado, tan simples como el poder ver, oler, sentir… estar vivo. Y sé, que si él pudo regresar y luchar con esta gran actitud, tú y yo, podemos alcanzar nuestros sueños.
Nadie logró el éxito la primera vez que lo intentó, tal vez nos caigamos dos, tres, cien veces, pero nunca hay que olvidar que cada que nos levantamos, es siendo más fuertes, inteligentes y con mayor aprendizaje.
Hoy mi hermano continúa en rehabilitación, perdió la vista, y continúa con una gran actitud. No está deprimido y está trabajando para rehacer su vida no “en donde la dejó antes del accidente”, sino, mejor.
Quiero compartir una gran enseñanza que él dejó en mi; Yo no me preguntó “¿Por qué me pasó esto?”, la pregunta correcta es “¿Para qué?”.
Transforma el no…




